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GALILEO GALILEI

(1564-1642)

LA CONFIRMACIÓN DEL SISTEMA HELIOCÉNTRICO

SALVIATI. Concluimos y acordamos ayer que debíamos de discurrir en este día, lo más distinta y claramente posible, en torno a las razones naturales y su eficacia, que por una y por otra parte hasta aquí son producto de los factores de la posición Aristotélica y Tolemaica y de los seguidores del sistema Copernicano. Y como, al colocar Copérnico a la Tierra entre los cuerpos móviles del Cielo, viene a hacerla, un globo semejante a un planeta, convendrá que el comienzo de nuestras consideraciones sea ir examinando cuál y cuánta es la fuerza y la energía de los razonamientos peripatéticos al demostrar como y tal asunto es del todo imposible; visto que sea necesario introducir en la Naturaleza sustancias diversas entre ellas: así la celeste y la elemental, aquélla, impasible e inmortal; ésta, mudable y caduca. Argumento que tratan ellos en los libros del Cielo, insinuando lo primero con discursos dependientes de algunos asuntos generales y confirmándolo después por experiencias y demostraciones particulares. Y siguiendo el mismo orden, disertará, y después libremente diré mi parecer, exponiéndome a la censura vuestra y, en particular, a la del señor Simplicio, tan extremado campeón y sostenedor de la doctrina aristotélica...

 

SIMPLICIO. Aristóteles, como aquello no se deducía de su ingenio, aunque muy perspicaz, más de lo que se concuerda, pensó en su filosofía que las experiencias sensatas se deben anteponer a cualquiera otra razón construida por el ingenio del humano, y dijo que los que habían negado el sentido ya que es ciego el que no ve las partes de la tierra y del agua moverse, como graves, naturalmente hacía abajo, o sea, hacia el centro del universo, señalado por la misma Naturaleza con fin y término del movimiento deorsum (hacia abajo); ¿no verá igualdad moverse el fuego y el aire allá arriba, rectamente hacia la concavidad del orbe lunar, como término natural del movimiento sursum (hacia arriba)? Y viéndose tan manifestante esto, y estando nosotros seguros que eadem est ratio totuis et parium (cómo no se va a decir que es una proposición cierta y manifiesta), que el movimiento natural de la Tierra es el recto ad medium (y el fuego el recto a medio)?.


SALVIATI. De acuerdo con vuestro discurso, lo más que vos podéis pretender es que os fuese admitido que la Tierra se mueve en todo, o sea, desde el lugar donde estaba naturalmente reposando, finalmente reducida a perversa y desordenada disposición; volvió luego a su lugar espontáneamente, pero, naturalmente, con movimiento recto; así (concedido que eadem sit ratio toius et partium) se puede deducir que movido violentamente el globo terrestre del lugar asignado por la naturaleza, él retornaría por línea recta.


Esto, como digo, es lo sumo que se puede admitir, y os falta todavía toda clase de sutileza; pero quién considerara ver con rigor esta salida, en primer lugar os negaría que las partes de la tierra en volver a su todo se moverían por línea recta, y no circular u otra mixta; y vos, seguramente, tendréis que hacer bastante con demostrar lo contrario, como abiertamente entenderéis en las respuestas de los razonamientos y experiencias particulares de Ptolomeo y Aristóteles. En segundo lugar, si alguien os dijera que las partes de la tierra se mueven no para ir al centro del mundo, sino para llegar a reunirse con su todo y que por esto tiene natural inclinación hacia el centro del globo terrestre, inclinación por la cuál conspira para formarlo y conservarlo, ¿qué otro todo y qué centro encontraréis vos al mundo, al cuál el globo terrestre entero, siendo removido, buscase volver, donde la razón del todo fuese semejante al de las partes? Agregad que ni Aristóteles ni vos probaréis nunca que la Tierra esté de hecho en el centro del Universo; más, si se puede asignar centro alguno al Universo, encontraremos que en aquél estará colocado el Sol, como entenderéis por lo que sigue.


Ya, así como del conspirar concordemente todas las partes de la Tierra para formar su todo se sigue que todas las partes con igual inclinación concurren allí, ¿por qué no debemos creer nosotros que la Luna, el Sol y los otros cuerpos mundanos son ellos de forma redonda no por otra cosa que por instinto y concurso natural de todas sus partes componentes, de las que si alguna fuera separada con violencia de su todo no es factible creer que espontáneamente y por natural instinto retornará ella allí, y de ese modo concluir que el movimiento recto alcanza igualmente a todos los cuerpos humanos?


SIMPLICIO. Es indudable que como vos queréis negar no solamente los principios de la ciencia, sino las experiencias manifiestas en los mismos sentidos, vos no podréis ya admitir jamás la disuasión de ninguna opinión concebida; y yo antes me tranquilizaré porque no hay que discutir contra los que niegan los principios que por persuadido en virtud de vuestras razones. Y volviendo a lo que también habéis dicho ahora (ya que ponéis en duda que el movimientos de los graves sea recto o no), ¿cómo podéis negar razonablemente que las partes de la Tierra, o sea, las materias gravísimas descienden hacia el centro con movimiento recto, si tiradas desde una altísima torre, cuyas paredes son derechísimas y fabricadas a plomo, ellas vienen, por decirlo así lamiéndola y golpeando la en tierra en aquel mismo punto o clavo donde vendría a terminar el plomo que pendiese dé un cáñamo atado allí arriba exactamente donde se dejo caer la piedra? ¿No es este argumento más que evidente de que tal movimiento es recto y hacia el centro? En segundo lugar, vos ponéis en duda las partes de la Tierra se mueven para ir, como afirma Aristóteles, al centro del mundo, como si él no lo hubiera demostrado concluyentemente por los movimientos contrarios mientras argumenta de tal manera; los movimientos de los graves son contrarios a los ligeros se ve que es directamente hacia arriba, o sea, hacia la circunferencia del mundo; luego el movimiento de los graves es rectamente hacia el centro de la Tierra, puesto que éste se encuentra que está unido con aquel? Y buscar luego lo que haría una parte del globo lunar o del sol cuando fuese separado de su todo, es tontería, porque se busca lo que se seguiría en consecuencia a un imposible, visto que, como también demuestra Aristóteles, los cuerpos celestes son impasibles, impenetrables, infrangibles, así que no se puede dar el caso; y cuando pese a todo se diera, y la parte separada volviera a su todo, ella no tornaría allí como grave o ligera, que el mismo Aristóteles prueba que los cuerpos celestes no son ni graves ni ligeros.


SALVIATI. Lo razonablemente que yo dudo, si los graves se mueven por línea recta y perpendicular, lo entenderéis, como yo también os he dicho, cuando examinemos este argumento particular. Respecto al segundo punto, me maravilla que tengáis, necesidad de que el paralogismo de Aristóteles os sea descubierto, siendo por sí mismo tan manifiesto, y que vos advirtáis que Aristóteles supone aquello que está en tela de juicio. Pero reparad...

 
SIMPLICIO. Por favor, señor Salviati, hablad con respeto de Aristóteles. ¿A quien podréis vos persuadir jamás de quien ha sido el primero, único y admirable maestro del método del silogismo, de conocer los sofismas, los paralogismos y, en suma, de toda la lógica, se equivocase luego, tan gravemente dando por cierto lo dudoso? Señores, es necesario entenderle primero perfectamente y después intentar el quererlo impugnar.



SALVIATI. Señor Simplicio, no estamos aquí reflexionando familiarmente entre los tres para investigar cualquier verdad; yo nunca tomaré a mal que me aclaréis mis errores, cuando yo no siga el pensamiento de Aristóteles, corregidme también con libertad, que yo lo aceptaré con gusto. Admitid, mientras tanto, que yo exponga mis cuestiones y que responda también alguna cosa a vuestras últimas palabras, diciéndoos que la lógica, como vos sabéis muy bien, es el instrumento con el que se filosofa; pero así como puede muy hábiles fabricantes de órganos, pero indoctos en el saber tocarlos así puede haber un gran lógico, poco experto en saber utilizar la lógica; así aquí son muchos los que entienden toda la poética y luego son muy desafortunados para comprender siquiera una cuarteta, otros saben todos los preceptos de Vinci y no saben luego bosquejar un taburete. El tocar el órgano no se aprende de los que saben hacer órganos, sino de quienes saben tocarlo; la poesía se aprende de la constante lectura de los poemas; el pintar, con el cotidiano dibujar y pintar; el demostrar, con la lectura de los libros llenos de demostraciones, que no solo los matemáticos y no los lógicos. Ahora, volviendo a lo discutido, digo que aquello que ve Aristóteles del movimiento de los cuerpos ligeros es el partir del fuego de cualquier lugar de la superficie terrestre y directamente desviarse, saliendo hacia lo alto; y esto es en verdad moverse hacia una circunferencia mayor que la de la Tierra, aunque el mismo Aristóteles lo haga moverse hacia el cóncavo de la Luna; pero que tal circunferencia sea luego la del mundo, o concéntrica de ella, así al moverse un también moverse hacia la del mundo, esto no se puede afirmar si antes no se supone que el centro de la Tierra, de la cuál nosotros vemos apartarse los ligeros ascendientes, sea el mismo que el centro del mundo, lo que es tanto como decir que el globo terrestre es el  centro del mundo; cosa que nosotros dudamos y Aristóteles intenta probar. ¿Y decís que esto no es ostensible paralogismo?


SAGREDO. Este argumento de Aristóteles me parecía también a mí, por otras razones, equivocado y no concluyente, en cuanto se admitiese llanamente que la circunferencia hacia la que se mueve directamente el fuego fuera la que armoniza el mundo. Ya que comprendido dentro de un círculo no solamente el centro, sino cualquier otro punto, todo móvil que partiendo de él caminara en línea recta y hacia cualquier parte, sin duda alguna se encaminaría hacia la circunferencia, y continuando el movimiento llegaría además allí, así que verdaderamente podrá decir que se mueve hacia la circunferencia, pero no será ya cierto que aquel que se moviera por la misma línea con movimiento contrario vaya hacia el centro, sino cuando el punto tomado fuera el mismo centro, o cuando el movimiento se hiciera por la línea que, engendrada por el punto señalado, pasase por el centro. De modo que al decir: "El fuego, moviéndose rectamente, va hacia la circunferencia del mundo; pues las partes de la Tierra se mueven por las mismas líneas en movimiento contrario van hacia el centro del mundo", no concluye nada, si no ha supuesto antes que las líneas del fuego, prolongadas, pasan por el centro del mundo; y como de esas nosotros sabemos perfectamente que pasan por el centro del globo terrestre (siendo perpendiculares a su superficie y no inclinadas), entonces, para terminar, se necesita suponer que el centro de la Tierra es el mismo que el centro del mundo; lo que es falso y repugna a la experiencia, que nos demuestra que las partes del fuego, no por una línea sola, sino por las infinitas producidas desde el centro de la Tierra a todas las partes del mundo, ascienden siempre por las líneas perpendiculares.

Fragmento del: "Discorsi e Dimonstrazioni Matematiche Intorno a due Nove Scienze" (a) Movimiento uniformemente acelerado y (b) Movimiento de proyección.

Reseña Biográfica:

Galileo (Galileo Galilei) (1564-1642), físico y astrónomo italiano que, junto con el astrónomo alemán Johannes Kepler, comenzó la revolución científica que culminó con la obra del físico inglés Isaac Newton. Su nombre completo era Galileo Galilei, y su principal contribución a la astronomía fue el uso del telescopio para la observación y descubrimiento de las manchas solares, valles y montañas lunares, los cuatro satélites mayores de Júpiter y las fases de Venus. En el campo de la física descubrió las leyes que rigen la caída de los cuerpos y el movimiento de los proyectiles. En la historia de la cultura, Galileo se ha convertido en el símbolo de la lucha contra la autoridad y de la libertad en la investigación.

Nació cerca de Pisa el 15 de febrero de 1564. Su padre, Vincenzo Galilei, ocupó un lugar destacado en la revolución musical que supuso el paso de la polifonía medieval a la modulación armónica. Del mismo modo que Vincenzo consideraba que las teorías rígidas impedían la evolución hacia nuevas formas musicales, su hijo mayor veía la teología física de Aristóteles como un freno a la investigación científica. Galileo estudió con los monjes en Vallombroso y en 1581 ingresó en la Universidad de Pisa para estudiar medicina. Al poco tiempo cambió sus estudios de medicina por la filosofía y las matemáticas, abandonando la universidad en 1585 sin haber llegado a obtener el título.

Reseña tomada de: "Galileo (Galileo Galilei)," Enciclopedia Microsoft® Encarta® 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. Reservados todos los derechos.

Alma Liliana Cruz González

Lic. en Nutrición

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