Personal site - ASTRONOMíA RELACIONADA CON EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO por Fernando Castro Chávez.
Lunes, 2016-12-05
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ASPECTOS ASTRONÓMICOS RELACIONADOS CON EL NACIMIENTO DE JESUCRISTO

Fernando Castro Chávez
 
Aquel fraile que calculó el día, mes y año del nacimiento de Jesucristo se equivocó en sus cronologías, pero al menos enfatizó la importancia de Jesucristo como el punto central de la historia humana. Jesucristo es también el punto central de la profecía Bíblica y de la profecía astronómica, es decir, también de la profecía que leemos en la palabra de Dios escrita en los cielos.

Muchos hombres de ciencia han tratado de determinar cual fue la estrella que siguieron los sabios astrónomos de Persia en los tiempos del nacimiento de Jesucristo, cuando los mismos hebreos ya se habían olvidado de ella. La Biblia nos muestra que las estrellas son obra de la mano de Dios (Salmo 19:1), quien llama a cada una de ellas por su nombre (Salmo 147:4). Magoi en Griego, en Mateo 2:1, es una palabra que aplica específica y únicamente al grupo de astrónomos de Persia que preservaron las enseñanzas del profeta Daniel, dadas a ellos en los tiempos del Rey Darío, unos 400 años antes del nacimiento de Jesucristo.

Ethelbert W. Bullinger en 1893 publicó su libro “The Witness of the Stars” en el que retoma información de estudios realizados previamente respecto a la Astronomía Bíblica, pero su trabajo puede ser considerado el más difundido para recuperar el sentido original de las constelaciones y de los nombres de las estrellas. Fue ésta una obra pionera en la que su autor presenta a las 12 constelaciones que se encuentran en la eclíptica o línea que recorre el sol, acompañada cada constelación de tres constelaciones adicionales relacionadas temáticamente. Pero la obra de Bullinger ha podido y podrá ser mejorada, superada y complementada en algunos detalles (como se verá más adelante) por hombres y mujeres de Dios que han buscado a Dios y las cosas de Dios con todo su corazón, no la gloria personal.

Los planetas, la luna y el sol son como lápices que realizan diferentes trazos a lo largo de las constelaciones que van tocando. Dios nos reveló el nacimiento de su hijo en las estrellas. Pero esto NO es astrología, de ninguna manera que esto es o tiene lo mínimo que ver con la astrología. La Astronomía Bíblica es astronomía derivada del conocimiento inicial y verdadero de los tiempos en los que Adán aún andaba en comunión con Dios, antes de su caída, así como de aquellos hombres que le fueron fieles a Dios desde antes del diluvio, cuyo trazo se conserva en la Biblia. Es decir, los hoy conocidos como signos del zodiaco con un uso "astrológico", originalmente tenían un sentido TOTALMENTE diferente: el de presentar la Palabra de Dios escrita en los cielos.

Un fenómeno astronómico básico para entender los eventos astronómicos que sucedieron durante el primer año del nacimiento de Jesucristo es llamado “movimiento retrógrado” (ver Figura 1) de los planetas y se debe a que el planeta tierra, al viajar a una diferente velocidad que ellos, los rebasa o es rebasada por ellos, los cuales pareciera como que se regresaran, formando un aro o lazo, continuando después su recorrido. Es decir, que el “movimiento retrógrado” usado como elemento de profecía por Dios, es un fenómeno que solamente tiene sentido siendo apreciado desde el punto de referencia del planeta tierra, ya que los planetas, en sus respectivas posiciones, siempre siguen una trayectoria predeterminada por Dios.

El planeta Júpiter, en función con otros cuerpos celestes, ha sido considerado como la estrella seguida por los astrónomos de Persia (Mateo 2:1, 9-10). Este planeta se detuvo, llegando a su punto estacionario (antes de virar en movimiento retrógrado), durante todo el día 25 de Diciembre del año 2 A. C., durante la Hanukkah, en el tiempo de ofrecer regalos, y tres regalos fueron ofrecidos por los sabios de Persia al niño Jesús: oro, incienso y mirra, anunciando de tal forma tres de los futuros oficios de Jesucristo: Rey, Sacerdote y Profeta. Para ese entonces Jesucristo tendría un año y tres meses de edad, y José y María estarían viviendo en una casa en Belén (Mateo 2:11), y esto explica porqué Herodes mandó matar a los niños menores de dos años de edad (Mateo 2:16). Dios reveló a los Sabios de Persia no regresar de nuevo a visitar a Herodes (Mateo 2:12). Dios también le dijo a José que escapara a Egipto con el niño y con María (Mateo 2:13-15).

Figura 1. El movimiento retrógrado funciona igualmente si se considera a un observador desde el planeta tierra viendo a un planeta más distante del sol (Marte, Júpiter, Saturno), o más cercano al sol (Mercurio, Venus), siendo el aro o lazo trazado por los planetas más distantes menor (aquí mostrado) que el trazado por los planetas más cercanos al sol.

Los antiguos astrónomos llamaban a los planetas “estrellas móviles”, para diferenciarlos de las “estrellas fijas”. Planeta es un vocablo griego que significa “móvil”. Júpiter llevó a cabo un “movimiento retrógrado” alrededor de la estrella Régulo (llamada Regel en hebreo y traducida "pies" en Génesis 49:10) en la constelación de Leo, sumado a su conjunción con Venus, tanto antes como después de dicho movimiento retrógrado, “coronando” a Régulo. Mientras tanto, el sol vestía y la luna calzaba a la constelación de Virgo, cuya estrella más brillante (Spica) tocaba el horizonte de la tierra. Ambos eventos nos hablan del nacimiento de Jesucristo, nuestra simiente prometida, el Rey de Reyes y Señor de Señores. Veamos como la Palabra de Dios escrita en los cielos complementa y confirma a la Palabra de Dios escrita en la Biblia.

Figura 2. LEO, en el año del nacimiento de Jesucristo. Triple conjunción de Régulo con Júpiter (en el movimiento retrógrado de Júpiter alrededor de Régulo) en LEO (la estrella real y el planeta real tres veces alineados en la constelación real) y doble conjunción de Júpiter con Venus antes y después de dicho evento. La constelación de Leo (el León), mostrando la ubicación de su estrella principal Regulus (Régulo) y las dos conjunciones entre Júpiter y Venus el 12 de Agosto del año 3 A.C. y el 17 de Junio del año 2 A. C. Adaptación de una figura aparecida en el artículo de Roger Sinnott "Thoughts on the Star of Bethlehem", Sky and Telescope (Dec. 1968), pp. 384-6. Aquí Venus se representa en color claro debajo de Júpiter.

Figura 3. Posición relativa de las constelaciones Leo y Virgo, implicadas en las señales celestiales dadas por Dios para el año y día del nacimiento de Jesucristo, respectivamente. En la constelación Virgo se puede apreciar el evento astronómico sucedido en el día del nacimiento de Jesucristo, la luna a los pies y el sol vistiendo a Virgo, 11 de Septiembre, año 3 A.C., entre las 6:15-7:45 pm, al comienzo del día del Rosh Hashanah hebreo (Apocalipsis 12:1). Venus representa a Jesucristo mismo, el prototipo humano de la belleza y la perfección, el Señor y Salvador para todo aquel que cree. Júpiter ("su estrella") representa la misión de Jesucristo sobre esta tierra, la cual es Justicia. Júpiter se encontró con Venus, rodeó a Régulo y volvió a encontrarse de nuevo con Venus.

Conjunciones Principales, desde Agosto 3 AC hasta Agosto 2 AC

observadas en la Constelación de Leo

Fecha
(AC)

Tiempo Local
 Jerusalén

Objetos en
Conjunción

Grados de

Separación

12 Agosto 3

8:18/7:41

Venus/Júpiter

0.23

31 Agosto 3

24:01/23:24

Mercurio/Venus

 

14 Septiembre 3

8:03/7:26

Júpiter/Régulo

0.63

17 Febrero 2

18:13/17:36

Júpiter/ Régulo

1.19

8 Mayo 2

19:08/18:31

Júpiter/ Régulo

1.06

17 Junio 2

20:51/20:14

Júpiter/Venus

0.04

26 Agosto 2

18:13/17:36

Marte/Júpiter

0.14

27 Agosto 2

 

Mercurio/Venus/

Marte y Júpiter

 

Tabla 1. Adaptación de “The Star That Astonished the World”, de E. L. Martin (1996), p 56 y de “Jesus Christ our Promised Seed”, de V. P. Wierwille (1982), pp. 32 y 41. Los cálculos de esta tabla se derivan de las tablas computarizadas por Bryant Tuckerman, quizás las más exactas, de su obra “Planetary, Lunar, and Solar Positions” (1962). Para tener una idea de la distancia de separación entre los cuerpos celestiales durante sus conjunciones, 0.50 grados es aproximadamente el equivalente al diámetro aparente de la luna. Para ver las figuras de una simulación astronómica de los eventos presentados en esta Tabla ir al último link de esta página [Nota: Se puede observar que el planeta Saturno no se encuentra presente. Wierwille sugirió que Saturno representa a Satanás ya que aún ahora se le asocia con la muerte, Mercurio representa a Gabriel el mensajero, Marte a Miguel el guerrero, Venus a Jesucristo el prototipo humano (quien es la cabeza de su iglesia, la cual es "su cuerpo"), y "su estrella" Júpiter, representa la Justicia de Dios, la cual ha excluído a Saturno de esta reunión, lo ha dejado fuera.]

Ernest L. Martin y V. P. Wierwille sugieren que las conjunciones en la Tabla 1 dieron cumplimiento a profecías del Antiguo Testamento, tales como la que pronunciara Jacob antes de su muerte frente a su hijo Judá (Génesis 49:9-10), de cuya tribu nacería el Mesías, sumada a la profecía de Jeremías (Jeremías 23:5, 33.15), relacionada con el renuevo de Justicia brotando del linaje del rey David (Justicia es Ssedeq en hebreo, nombre del planeta Júpiter). Jesucristo es plenamente identificado como el león de la tribu de Judá en el último libro de la Biblia (Apocalipsis 5:5). Asimismo Jesucristo dice que él es “la estrella resplandeciente de la mañana”, y esa estrella es Venus (Apocalipsis 22:16), y cuando habla a la congregación hebrea de Tiatira dice que él tiene la potestad de dar dicha “estrella de la mañana” a aquellos hebreos que “vencieren y guardaren sus obras hasta el fin” (Apocalipsis 2:26 y 28).

Poderosas señales del nacimiento del Mesías prometido, éstas conjunciones llevadas a cabo dentro de la constelación de Leo durante el primer año del nacimiento de Jesucristo, junto con la configuración del sol y de la luna en la constelación de Virgo el 11 de Septiembre del año 3 AC (Apocalipsis 12:1), al día y momento mismo del nacimiento de Jesucristo, evento astronómico que durara un lapso de hora y media (6:15-7:45 pm) al atardecer (no olvidar que los días para los judíos comienzan al atardecer y se cuentan de atardecer a atardecer), cuando la más brillante estrella de Virgo Tsemach, que significa “el renuevo” en hebreo, “Al Zimach” en árabe, “Spica” en latín, representación estelar de Jesucristo, naciendo de una joven virgen (Jeremías 23:5, Zacarías 3:8, Zacarías 6:12 e Isaías 4:2, éstas profecías predicen además el énfasis dado al ministerio de Jesucristo por los cuatro evangelistas: en Mateo, Jesucristo es visto como rey, en Marcos como siervo, en Lucas como hijo del hombre y en Juan como hijo de Dios. Por revelación de Dios, en Jeremías 33:15 se repite el ministerio de Jesucristo como rey, debido a que como está escrito en el libro del Apocalipsis, Jesucristo regresará como Rey de Reyes y Señor de Señores a vencer a todos los enemigos de Dios). Cuando el sol se ocultara (y Tsemach tocara el horizonte de la tierra en ese específico día), un nuevo año civil y un nuevo día comenzaría (exactamente en el Rosh Hashanah hebreo para ese año). De acuerdo con el calendario hebreo, 1 Tishri era un día de especial toque de trompetas.

Al primer día de cada mes trompetas sonaban (Números 10:10), pero el primer día del mes de Tishri, era un día aún más especial, día de reposo, día de ofrendas, día de santa convocación, llamado el “día de sonar trompetas” (Números 29:1), “día de conmemoración al son de trompetas” (Levítico  23:24), cuando un número mayor de trompetas sonaban durante todo el día. Esta es otra poderosa evidencia de que también los hebreos, obedeciendo su ley dada por Dios, y sin saberlo, conmemoraban cada año el día del futuro nacimiento de su Mesías Salvador, Jesucristo. Así mismo, los hebreos recibieron al Mesías, Rey, Señor y Redentor del mundo, sin saberlo, con especial toque de trompetas, como únicamente se recibía al primogénito varón del Rey, en su nacimiento.

También al momento del nacimiento de Jesucristo había pastores en Belén que cuidaban su rebaño, lo cual climática y agrícolamente (por los tiempos de la siembra y la cosecha) no es posible en Diciembre (Lucas 2:8), y Dios les reveló visitar al Mesías Prometido recién nacido, a quien encontrarían "envuelto en pañales", que es un orientalismo que consistía primeramente en bañar al recién nacido, y más específicamente al primogénito hijo del Rey, en agua con sal, y después de eso, rodearlo con unos vendajes de pies a cabeza (cual "niño envuelto", dejando libre su rostro), lo cual representaba la educación que sus padres le darían, la cual se centraría en la limpieza y veracidad de sus palabras y en un andar de Justicia y Rectitud, lo cual también profetizaba, en el caso de Jesucristo, acerca de la misión que llevaría a cabo (Lucas 2:10-20). Como ya hemos visto, los sabios de Persia llegaron a Belén un año y tres meses después de que Jesucristo ya había nacido, un 25 de Diciembre, en la Hanukkah hebrea.

Los meses de Septiembre y de Diciembre, en español como en casi todos los idiomas, no obstante las alteraciones al calendario que posteriormente llevara a cabo Roma, conservan su antigua posición y etimología en el calendario actual, significando Septiembre el séptimo mes y Diciembre el décimo mes. Lo mismo sucede con los meses intermedios, en los que Octubre significa el octavo mes y Noviembre el noveno mes. El hecho de que Roma alterara los meses en el calendario, e intentara unificar al paganismo y al cristianismo de su imperio, fusionando las populares fiestas del solsticio de invierno con el nacimiento de Jesucristo, así como el hecho de que se tomara la llegada de los astrónomos de Persia junto a la llegada de los pastores a ver al recién nacido Jesús, como ocurriendo ambas el mismo día, explica el porqué de que los primeros escritores cristianos vacilaran en sus cálculos de la fecha precisa del nacimiento de Jesucristo, ubicándolo la mayoría de ellos entre los años que hoy llamamos 3 y 2 AC (nombres al final del segundo link en Wierwille).

Otro posible factor de confusión en el calendario actual es que nuestros días cambian a las doce de la noche, cuando ningún evento astronómico especial sucede. Los días de los hebreos cambiaban, como ya hemos visto, al atardecer. Entender esto se vuelve vital en nuestro estudio de la resurrección de Jesucristo, cuyo orden de eventos y cronologías también han sido oscurecidos por las tradiciones humanas. Cuando leamos frases en la Biblia tales como "al comenzar el día", si entendemos la costumbre oriental sabremos que se refiere a cualquier momento posterior y próximo al atardecer. Las obras de los hombres (por ejemplo, el calendario actual) son imperfectas y contienen múltiples errores, en los cuales los críticos se deleitan, engañando a sus lectores y engañándose a sí mismos. En cambio, con estos estudios de astronomía y la Biblia, no se pretende cambiar la celebración del nacimiento de Jesucristo. Se busca solamente iluminar nuestro entendimiento para deleitarnos en la verdad, ya que nosotros no estamos sujetos a fechas o tradiciones. Cuando Jesucristo entregó su vida por nosotros, los cielos anunciaban dicho evento, ya que el sol, en su recorrido anual, se encontraba en la constelación del cordero inmolado (hoy llamada Aries), hubo tinieblas sobre la tierra (quizás porque el sol se eclipsó), la tierra se estremeció, y el grueso velo que separaba el lugar santo del lugar santísimo se partió en dos desde arriba hacia abajo, representando el libre y directo acceso a Dios a partir de ese momento en el que Jesucristo pagaba el precio de nuestra salvación con su propia vida, la cual recibó de nuevo después de tres días y de tres noches de haber estado muerto en el sepulcro. Igualmente, la ley dada por Dios a Moisés lo anunciaba, ya que a la misma hora en la que Jesucristo moría, el cordero de la Pascua era sacrificado por los hebreos. Que la Palabra de Dios sea la luz y el regocijo en nuestras vidas, ya que las palabras y las obras de Dios son perfectas (Salmo 19). Por lo tanto, todo aquel que confíe plena y únicamente en la Palabra de Dios, y se deleite en su minucioso estudio, jamás será defraudado o engañado, y por lo tanto, no deberá de avergonzarse nunca (Romanos 10:9-11 y 2 Timoteo 2:15).

El mismo autor de las estrellas y sus constelaciones es aquel que reveló su ley a Moisés, aquel que envió a su hijo Jesucristo a salvar a todos los que confesaren con su boca que Jesucristo es el Señor y que creyeren en su corazón que Dios resucitó a Jesucristo de entre los muertos. El mismo Dios que envió su espíritu santo el día de Pentecostés, para que ahora nosotros podamos manifestar su poder (Hechos 1:8, 1 Corintios 12 al 14, 2 Timoteo 1:7), es el mismo todopoderoso y fiel Dios que nos ha prometido en su Palabra bendita que Jesucristo vendrá por segunda vez a rescatarnos de este mundo (1 Corintios 15:51-58, 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 2 Tesalonicenses 2). Por todo esto y más, Dios sea bendito por siempre. 

Referencias citadas:

Bullinger, E. W. “The Witness of the Stars”, 1981, Kregel, 204 p.

[http://philologos.org/__eb-tws] [http://fdocc.ucoz.com/index/0-6 (introducción en español)] [http://fdocc.ucoz.com/index/el_evangelio_en_el_zodaco/0-8 (resumen en español)]

Bullinger, E. W. “The Companion Bible”, 1922, appendix 12 “The Stars Also.” (dos links) [http://www.therain.org/appendixes/app12.html] [http://www.angelfire.com/nv/TheOliveBranch/append12.html]

Wierwille, V. P. “Jesus Christ our Promised Seed”, 1982, American Christian Press, 306 p. [http://www.redbay.com/ekklesia/birth.htm (síntesis)][http://www.askelm.com/star/star014.htm (The Census of Quirinius)]

Martin, E. L. “The Star That Astonished the World”, 1996, Associates for Scriptural Knowledge [http://www.hillsdale.edu/imprimis/1996/Dec96Imprimis.pdf (reseña en PDF, "Acrobat Reader", por el astrónomo Craig Chester, quien traduce erróneamente la palabra griega Magoi como Astrólogos, por lo que deduce erróneamente que pudieran haber tenido cualquier nacionalidad)][http://www.libertyhaven.com/noneoftheabove/religionandchristians/starbethlehem.shtml (igual al anterior en otro formato)][http://www.askelm.com/video/v020301.htm (reseña en Video no muy exacta)]

Sinnott, R. “Thoughts on the Star of Bethlehem”, Revista Sky and Telescope (Diciembre 1968), p. 384-386.

Tuckerman, B. “Planetary, Lunar, and Solar Positions: 601 B. C. To A. D. 1969 at Five Day and Ten-Day Intervals”, 2. Vols. 1962. American Philosophical Society.
 

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